"Arbeit macht frei", per a Stefan Zweig [Private collection - Barcelona] (2015)

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[Acrylic on paper - 50 x 40cm]

"Ya no simplemente se robaba y saqueaba, sino que se daba rienda suelta a cualquier ansia de venganza personal. Catedráticos de universidad eran obligados a fregar las calles con las manos, judíos creyentes de barba blanca eran arrastrados al templo y obligados por mozalbetes vocingleros a arrodillarse y gritar a coro “¡Heil Hitler!”. Por las calles se cazaba a gente inocente como a conejos y se los llevaba a empujones a los cuarteles de las SA para que limpiaran las letrinas; todo lo que la enfermiza y sórdida fantasía del odio había ideado durante muchas noches de orgía se desataba a la luz del día. Hechos tales como irrumpir en las casas y arrancar los pendientes a temblorosas mujeres pudieron haber ocurrido también siglos atrás, en las guerras medievales, durante el saqueo de las ciudades, pero el impúdico placer de la tortura en público, el tormento psíquico y la humillación refinada eran algo nuevo. Todo esto está registrado no por una sola persona, sino por las miles que lo han sufrido, y llegará un día en que una época más tranquila, no moralmente cansada como ya lo está la nuestra, leerá estremecida sobre los crímenes que cometió un solo hombre, rabioso de odio, en el siglo XX, en aquella ciudad de la cultura. Porque ése fue el diabólico triunfo de Hitler en medio de sus victorias militares y políticas: este hombre solo logró con sus constantes excesos embotar todo concepto de justicia.”

Stefan Zweig, in "El mundo de ayer"

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[Acrylic on paper - 50 x 40cm]

"Ya no simplemente se robaba y saqueaba, sino que se daba rienda suelta a cualquier ansia de venganza personal. Catedráticos de universidad eran obligados a fregar las calles con las manos, judíos creyentes de barba blanca eran arrastrados al templo y obligados por mozalbetes vocingleros a arrodillarse y gritar a coro “¡Heil Hitler!”. Por las calles se cazaba a gente inocente como a conejos y se los llevaba a empujones a los cuarteles de las SA para que limpiaran las letrinas; todo lo que la enfermiza y sórdida fantasía del odio había ideado durante muchas noches de orgía se desataba a la luz del día. Hechos tales como irrumpir en las casas y arrancar los pendientes a temblorosas mujeres pudieron haber ocurrido también siglos atrás, en las guerras medievales, durante el saqueo de las ciudades, pero el impúdico placer de la tortura en público, el tormento psíquico y la humillación refinada eran algo nuevo. Todo esto está registrado no por una sola persona, sino por las miles que lo han sufrido, y llegará un día en que una época más tranquila, no moralmente cansada como ya lo está la nuestra, leerá estremecida sobre los crímenes que cometió un solo hombre, rabioso de odio, en el siglo XX, en aquella ciudad de la cultura. Porque ése fue el diabólico triunfo de Hitler en medio de sus victorias militares y políticas: este hombre solo logró con sus constantes excesos embotar todo concepto de justicia.”

Stefan Zweig, in "El mundo de ayer"

[Acrylic on paper - 50 x 40cm]

"Ya no simplemente se robaba y saqueaba, sino que se daba rienda suelta a cualquier ansia de venganza personal. Catedráticos de universidad eran obligados a fregar las calles con las manos, judíos creyentes de barba blanca eran arrastrados al templo y obligados por mozalbetes vocingleros a arrodillarse y gritar a coro “¡Heil Hitler!”. Por las calles se cazaba a gente inocente como a conejos y se los llevaba a empujones a los cuarteles de las SA para que limpiaran las letrinas; todo lo que la enfermiza y sórdida fantasía del odio había ideado durante muchas noches de orgía se desataba a la luz del día. Hechos tales como irrumpir en las casas y arrancar los pendientes a temblorosas mujeres pudieron haber ocurrido también siglos atrás, en las guerras medievales, durante el saqueo de las ciudades, pero el impúdico placer de la tortura en público, el tormento psíquico y la humillación refinada eran algo nuevo. Todo esto está registrado no por una sola persona, sino por las miles que lo han sufrido, y llegará un día en que una época más tranquila, no moralmente cansada como ya lo está la nuestra, leerá estremecida sobre los crímenes que cometió un solo hombre, rabioso de odio, en el siglo XX, en aquella ciudad de la cultura. Porque ése fue el diabólico triunfo de Hitler en medio de sus victorias militares y políticas: este hombre solo logró con sus constantes excesos embotar todo concepto de justicia.”

Stefan Zweig, in "El mundo de ayer"